24 verdaderas causas del divorcio que nadie quiere admitir

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Es mejor ser dos que uno, porque ambos pueden ayudarse mutuamente a lograr el éxito. Si uno cae, el otro puede darle la mano y ayudarle; pero el que cae y está solo, ese sí que está en problemas. Del mismo modo, si dos personas se recuestan juntas, pueden brindarse calor mutuamente; pero ¿cómo hace uno solo para entrar en calor? Alguien que está solo puede ser atacado y vencido, pero si son dos, se ponen de espalda con espalda y vencen; mejor todavía si son tres (Dios en medio), porque una cuerda triple no se corta fácilmente.

Recientemente en mi segmento radial, tomé la valiente decisión de hablar sobre el matrimonio y lo que yo pienso que son las verdaderas causas de un divorcio. No tienen nada qué ver con los miles de estudios estadísticos ni análisis de expertos. Las adopté de consejerías que he facilitado, observaciones, y experiencias de ver, saber y vivir. Para mi asombro, mis radioescuchas se volcaron en mensajes privados en mi Facebook pidiendo mi teléfono, o solo desahogándose. Parece ser que di en el clavo. Así que decidí compartir mi hazaña con ustedes, los lectores de HuffPost Voces.

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El divorcio obliga a justificarse para que la separación tenga lógica ante nosotros y los demás; para que la causa se pueda clasificar en una causal legalmente aceptable. Pero amigas y amigos, para mí, estas son las causas que poquito a poquito van arrullando la idea de un divorcio. Aclaro que en mi lista no incluyo la violencia doméstica, que para mí no es negociable; exige un divorcio. Esta lista se refiere a esos distanciamientos que a veces las parejas ni se explican. Igual que yo no me explico que haya tantos libro sobre el matrimonio, tanto taller, y tanto consejo televisado, y la mayoría de las parejas no saben qué hacer con su matrimonio, donde la vida diaria más simple se convierte en una tragicomedia. ¿Qué pasa? Antes las personas se casaban, estaban claros, y fluían por encima de todo… o de casi todo. No entiendo.

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Vayamos a mis verdaderas causas del divorcio. Pueden parecerte ridículas y empiezan pequeñas, pero crecen y se van complicando.

  1. No hay expresiones de afecto en público. ¿Recuerdas cuando salían o eran novios que le tenías que decir que se estuviera quieto delante de los demás? Y caminaban tomados de la mano o con el brazo de él sobre tus hombros. Sobre todo, andaban uno al lado del otro. Ahora uno camina detrás del otro, él te deja atrás o tú a él. Irónicamente, ahora que tienen “licencia” para besar y abrazar en público, ni se les ocurre.
  2. Hablan poco el uno con el otro. ¡Y pensar que cuando eran novios se llamaban a todas horas, cada 5 minutos, y uno esperaba por el otro para colgar el teléfono!
  3. No se “comunican”. ¿Qué pasó con aquella época cuando tú ibas a decir algo y él te completaba las palabras de lo que ibas a decir?
  4. No se atreven a decirse ciertas cosas. Incomprensible, pero común. ¿De veras? ¿Querer salvar cara después de tanta intimidad? Eso trae la costumbre de asumir y hacer conjeturas, y una situación sencilla se convierte en un enredo. Ejemplo. Una amiga mía estuvo tres años pensando que ya el marido no la atendía cuando le hablaba, y hasta se preguntó si había dejado de amarla. El día que dejó el pugilato interno y lo confrontó, esto era lo que pasaba. Él no se había atrevido a decirle que no escuchaba bien, y por salvar cara, le contestaba, fingiendo que la entendía. Fueron a un especialista. Él está casi sordo del oído izquierdo. La sigue amando.
  5. No inventan detalles para sorprender al otro y agregar la chispa.
  6. Hay falta de amistad en la relación.
  7. El intercambio de palabras “¿Qué te pasa?”, “Nada”, se repite una y otra vez.
  8. Pretender que el otro adivine lo que quieres. Aprende a pedir específicamente.
  9. No escucharse con atención.
  10. No querer negociar cuando es necesario. Negocian con el de afuera, pero no con el de la casa.
  11. “Yo soy así y punto”. Creer que el “mercadeo” terminó y pretender aceptación a la brava.
  12. Olvidar que esa es tu pareja y los demás son los demás.
  13. Orgullo y soberbia. No admitir un error, no pedir perdón ni perdonar porque es más importante tener la razón e imponerse, que tener una buena relación.
  14. Recordarle al otro, a diario, el error de ayer.
  15. Tratar al marido como a un hijo y a la mujer como a la madre. Tratar a la esposa como a una hija y al marido como al papá (No tiene qué ver con llamarle “Papi”).
  16. Olvidar el arte de amar y persuadir. Olvidar el arte de enamorar y de seducir.
  17. Jugar a quién es el que manda. Si los equipos jugaran así, tendrían muchos jugadores estrellas, pero no ganarían ni un juego.
  18. Dejar de ser uno mismo. Piensa bien: ¿de quién se enamoró?
  19. Olvidar qué fue lo que te enamoró de tu pareja.
  20. No ser consciente de que la gente crece y cambia (la única constante de la vida es el cambio) con los tiempos, el ambiente, las situaciones, las circunstancias, el peso, las hormonas. Las parejas crecen juntas a través de todo.
  21. Creer que las épocas buenas terminan y no hay marcha atrás. Remedio: entender que las épocas suceden y modifican los estilos de vida. Durante la vida de pareja, hay embarazos, niños, enfermedades, problemas de familia extendida, cambios profesionales, y superado el estrés transitorio, ¡bienvenidos al nuevo estilo de vida que hay que crear una y otra vez!
  22. No armonizar ni respetar las prioridades mutuas e individuales.
  23. Poca introspección matemática. Un hogar en armonía con metas en común es más fácil de mantener económicamente que dos hogares divididos con objetivos opuestos.
  24. Lo más importante: no tener un “nosotros”, la base de una buena vida de pareja.
Frustrated couple with serious problems

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