4 cosas que sólo sabemos los que adoramos los días de lluvia

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Días de lluvia. ¿Los adoras o los detestas? Todo dependerá sin duda del país en el que vivas, y de esa latitud donde las condiciones atmosféricas marquen tus ritmos e incluso tu vida.

Los países norteños ven esa lluvia fina, constante y cotidiana, como esa amable compañera que dibuja sus días y de la que en ocasiones, por qué no, desearía desprenderse para disfrutar de intensas jornadas soleadas donde la luz, lo inunda todo, donde nada queda en la sombras, y donde uno puede planear cualquier cosa sabiendo que va a contar siempre con el buen tiempo.

Si habitas en esos lugares de agradable temperatura donde las lluvias solo llegan en ocasiones para traer algún que otro desastre e inundaciones, también echarás en falta esas precipitaciones amables que son casi el leitmotiv de ciudades como Londres o París.

Sea como sea, si te gusta la lluvia, es probable que te identifiques con estas dimensiones. ¿Nos acompañas?

La ciudad adquiere de pronto otra realidad

Y de pronto, todo ese escenario en el que te mueves cada día, en ocasiones insípido, predecible y aburrido, adquiere nuevos colores y maravillosas sensaciones que captan todo tu interés. ¡Se abren todos tus sentidos, te sientes vivo!

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La ciudad se viste de paraguas de colores, de prisas, de reflejos, de cristales orlados por lágrimas, de hojas cuajadas de diamantes luminosos, de charcos que se convierten en espejos, en “piscinas” que los niños gozan pisotear con sus botas de colores… El mundo se agita y se despereza con un día de lluvia y a ti, cómo no, te encanta.

¡Día de manta, películas y lectura!

Hay quien ve los días de lluvia como una composición pictórica de tristeza absoluta: esos grises, esa humedad, el no poder salir a pasear y tener que quedarnos en casa. “¡Qué horror!”, dicen muchos.

En cambio, están esos otros que en cuanto perciben la lluvia cayendo con intensidad en la calle (hay quien tiene un auténtico radar interior), sienten algo encendiéndose en su interior. ¡Qué placer! ¡Sobre todo si no tenemos que ir a al trabajo o a clase! Es un instante maravilloso de recogimiento en el cual, disfrutar en intimidad del hogar, al lado de una ventana, con una manta cubriéndonos, buena compañía y un libro bien interesante… ¿Opinas lo mismo?

Ese olor inconfundible

Tenemos claro que habrá muchos lugares en los cuales, la lluvia no siempre es agradable. No huele bien y puede traer más peligros que beneficios. Ahora bien, si tienes la suerte de vivir en el campo, en un pueblo, o en una ciudad con una contaminación limitada o muy escasa, estás de suerte. Porque el olor es exquisito, y se llama Petricor.

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Es algo puro e instintivo que nos ofrece bienestar, e incluso libertad. Y a ti… ¿te gusta también el olor de la lluvia?

LLuvia con truenos…  ¡Me encantan las tormentas!

Sabemos que son peligrosas, pero las tormentas tienen ese matiz emocionante que nos fascina y que nos encanta. No hay nada mejor que una noche de tormenta, que esa oscuridad que de pronto se ilumina con el resplandor de ese trueno en la lejanía, del estallido del rayo, del rugido de esa batalla celestial que aterra e inspira.

Las tormentas en verano alivian, y las de invierno invitan a la imaginación, a la escritura, a la pintura, a la composición… Es la naturaleza en su estado más puro, y por eso nos gusta.

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