"MERECES LO MISMO QUE OFRECES"

Muchos dicen: “Lo que coseches, sembrarás”. Tal vez sea cierto, tal vez no.
Solo se que no se debe juzgar a una persona por un acto o por una serie de ellos, sean buenos, sean malos.

Mereces lo que ofreces 

Todos tenemos derecho a equivocarnos, a tomar decisiones erradas y a poder intentar remendar estos errores.
No soy ni juez, ni jurado ¡no necesito serlo! Cada uno de los seres humanos lo es ya consigo mismo. Al desconocer la Ley, va por el mundo criticando, juzgando, afirmando, confirmando, calificando y potenciando el modo de ser o de vivir de los demás. Veamos….
 La crítica con razón o sin ella, es una manera de corroborar y por tanto convertir en realidad aquello que en realidad, estaba lejos de serlo; y si lo es, lo potenciamos en grado sumo, afectando al criticado dramáticamente.
Cuando andamos diciendo lo que dijeron que habían dicho; estamos contribuyendo a crear una atmósfera de malestar y hasta enfermedad en la persona de la que se habla.tr
Cuando calificamos y juzgamos; generalmente en ese juicio hay un desconocimiento Total de las causas que impulsaron a X a obrar de la manera que obró. Por lo tanto estamos cometiendo craso error!
Cuando vemos a una persona doliente, pobre, que ha sufrido un evento dramático, herida, enferma, pidiendo caridad; confirmamos y potenciamos sus problemas, con el ¡Pobre hombre! ¡Que sufrimiento más grande! etc. Estamos afirmando aquello que vemos o creemos ver y con aquello, arrojamos más pobreza, dolor, enfermedad y sufrimiento sobre nuestro hermano.
Cada una de estas actitudes, aunque inocentes, las cargamos sobre nosotros y, de alguna manera viviremos aquello que hemos resentido.
Proceder con consciencia es lo justo. Hacer el bien sin importar los resultados o lo que pueda hacer aquel que nos pide una limosna (dejando de decretar que va a utilizar el dinero en droga por ejemplo).
¡Viviendo y dejando vivir a cada quien según le plazca!
De lo contrario, mañana, estaremos preguntándonos ¿Que hice yo para merecer este dolor? y por supuesto, para entonces, habremos olvidado la actuación de hoy; por tanto, careceremos de respuesta y le endilgaremos la culpa a Dios, con un solemne “Dios lo quiere”.

Fraternalmente,

Jorge Sánchez

El arte de vivir

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