Wan Hu, el primer “taikonauta” de la historia: ¡Asombroso!

En ocasiones, la historia esconde en su baúl de curiosidades hechos no tan conocidos que nos encanta traerte en nuestro espacio. Si no te suena demasiado el nombre de Wan Hu, te diremos que para muchos, cuenta con méritos propios para estar al lado de nombres como Yuri Gagarin o Neil Amstrong.

Ahora bien, hay que poner importantes matices que crean y perfilan, por sí mismos, este relato entre lo asombroso, lo esperpéntico, y por supuesto, lo trágico. Wan Hu fue para muchos el primer hombre en salir “casi” de nuestra atmósfera y tocar el espacio exterior. Lo hizo en el siglo XVI y, aunque nos parezca algo poco probable, la NASA habla de ello en su página web.

Hoy en Supercurioso te invitamos a conocer al primer taikonauta de la historia. ¿Te lo vas a perder?

Wan Hu, el hombre que soñaba con viajar al espacio

Estamos en el siglo XVI y Wan Hu es un conocido funcionario chino que por encima de todo, por encima de su trabajo y su familia, tiene un sueño: el espacio, ese mundo que contemplaba cada noche cuajado de estrellas, donde los hombres curiosos marcan sus objetivos.

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Se tienen registros de cómo los chinos consiguieron ya en el siglo XVIII desarrollar un tipo de cohetes rudimentarios pero efectivos que utilizaron frente al enemigo mongol. La técnica se basaba en simples tubos que llenaban con pólvora. Y en efecto, cumplían su misión, y aún más, se propulsaban tanto en el aire que más de uno pensó ya en el tipo de aplicaciones prácticas que ese tipo de mecanismo podría tener.

Así lo pensó menos Wan Hu unos cuántos siglos después, durante unas celebraciones locales. Como ya sabes, si hay algo habitual en todo evento en China es la pólvora, así que aprovechó la “afluencia” de material para dar forma a su alocada idea. Ahora bien, todo loco tiene también a otros seguidores que superan aún más su locura, así que Wan Hu contó con la ayuda de varios amigos para dar forma a su “máquina propulsora”, a su “cohete de despegue”.

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¿Y cómo lo hizo? Bien, de la forma más sencilla posible:

  • Una silla
  • 47 cohetes que daban forma a esta lanzadera casera
  • Dos cometas que una vez en el aire, debían servirle para sostenerse
  • Contó con la ayuda de 47 personas, cada una de ellas se encargó de encender la mecha de los, cómo no, 47 cohetes bien rellenos de pólvora.

Y llegó el gran momento. Para ello, el honorable funcionario Wan Hu se vistió con sus mejores galas, se acomodó en su silla y dio la orden de prender las mechas. Sabía muy bien que era un viaje de ida pero no de vuelta, no obstante, para él eso no tenía importancia. Sólo ansiaba saber, comprender, y ser un auténtico pionero en materia espacial.

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Cuenta la historia que tras la inmensa explosión, y cuando el humo abrió algún pequeño claro, todos pudieron ver esa silla propulsada elevándose por el aire. Queda claro que lo más probable, es que no ascendiera poco más de unos metros, para luego caer a plomo, pero su leyenda fue lo bastante poderosa como para que el nombre de Wan Hu quedara en altar de la ciencia y la astronomía.

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Wan Hu es el nombre de uno de los cráteres de la cara oculta de la Luna. De algún modo, la historia dio un homenaje a este hombre que un día se subió a una silla con cohetes, y nunca más se volvió a saber de él. No lo encontraron jamás. Para muchos fue, efectivamente, el primer taikonauta (太空 tàikōng, espacio y del griego ναύτης, nautes, navegante)

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